Susana Testa se retiró del Taller Protegido después de 30 años de servicio

Tras tres décadas de trabajo, compromiso y dedicación, Susana Testa dejó su actividad en el Taller Protegido de Producción Balcarce. Se despidió con emoción de una institución que marcó buena parte de su vida y a la que ahora promete seguir acompañando desde otro lugar.

Treinta años de una vida dedicada a una institución. Ese es el tiempo que Susana Testa transitó en el Taller Protegido de Producción Balcarce, donde compartió el camino junto a colaboradores, amigos y, fundamentalmente, los operarios que fueron protagonistas de innumerables historias.

Con un dejo de nostalgia y visiblemente emocionada, Testa decidió dar un paso al costado para comenzar una nueva etapa, más vinculada a su familia y a sus nietos, aunque sin alejarse definitivamente del Taller.

Su vínculo con la institución comenzó en 1986. Un año más tarde se incorporó su hermano y, posteriormente, también sus padres comenzaron a formar parte de la comisión.

“Me incorporé en la comisión y estuve un año y medio más o menos. En ese momento se iba un supervisor del taller y yo había renunciado al trabajo anterior. Me propusieron si quería venir acá y desde ahí no dejé nunca más”, recordó Susana al repasar sus comienzos.

A lo largo de esas tres décadas, el Taller atravesó diferentes momentos. Hubo etapas de crecimiento y otras signadas por dificultades y crisis que incluso llevaron a pensar, en algún momento, en la posibilidad de dejar de producir.

Pero siempre aparecía un factor determinante: los operarios.

Para Testa, fueron uno de los motores esenciales de la institución. Personas que encontraron en el Taller un espacio de contención, trabajo, crecimiento y aprendizaje cotidiano, y que también terminaron siendo fundamentales para quienes estuvieron al frente de la entidad.

Durante estos 30 años, Susana también debió atravesar la pérdida física de personas importantes que fueron parte de la historia del Taller. Al mismo tiempo, llegaron otras que permitieron continuar el camino y amortiguar, de alguna manera, los golpes inevitables de la vida.

“Ver trabajar a los operarios, con esas ganas, ese entusiasmo, es único, al punto tal que podía revertir cualquier situación”, expresó conmovida.

Los abrazos, los gestos y las muestras de afecto recibidas a lo largo de los años quedaron como parte de un vínculo que excedió ampliamente lo laboral.

Una despedida difícil

La partida de Susana también representa un momento especial para quienes compartieron con ella gran parte de esta historia.

Virginia Guariste, su fiel compañera durante tantos años, definió su salida como una pérdida difícil de reemplazar. Ambas prácticamente compartieron una vida dentro de la institución.

“Se va de mi lado la persona más importante, aquella que me mostró este camino de servicio”, expresó Virginia, entre lágrimas.

Susana, por su parte, dejó en claro que su retiro de la actividad cotidiana no significa un alejamiento del Taller. Prometió continuar siguiendo de cerca las actividades de la institución y acompañando su desarrollo, aunque ahora con más tiempo para dedicarle a su familia, sus nietos y a la vida junto a Jorge Durand.

Después de 30 años, se cierra una etapa. Pero queda una historia construida con trabajo, compromiso y afectos, que seguramente seguirá formando parte de la vida del Taller Protegido de Producción Balcarce.

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